lunes, 28 de mayo de 2007

De virtual a real en un clic



A ti, que me gustas y me regustas,
y a nuestras maravillosas webcams

Apenas llego del gimnasio enciendo la computadora y me conecto al Messenger. Allí estás. Un fino hilo de deseo me recorre la columna vertebral. Se abre una ventana de conversación con una invitación tuya para que acepte la conexión a tu webcam. ¡Cómo no! Gustosa hago clic en "Aceptar". Yo también enciendo mi cámara y te convido a un festín para nuestros ojos. No te haces de rogar, tienes días esperándolo. Inmediatamente me recibes con un expresivo ¡muack! que siento en todo mi cuerpo. Me relamo los labios y te envío un beso. "¿Estás sudada?", me preguntas. Te respondo “Sí”.

Claro que estoy sudada después de dos horas de ejercicio. Ni siquiera me bañé, tantas eran las ganas de estar contigo. Aún siento algunas gotas de sudor corriéndome por el pecho, el cuello y la espalda. Hace un calor insoportable. Me levanto de la silla, enciendo el aire acondicionado, me suelto el cabello y muevo la cabeza de un lado al otro, muy lentamente, para aliviar la tensión. Me sobo el cuello. Me estiro como una gata. Comienzo a desvestirme muy despacio, disfrutando y haciéndote disfrutar cada instante.

Vuelvo a sentarme y subo un pie al borde de la silla. Desato las trenzas de mis zapatos deportivos. Me quito el zapato y la media del pie izquierdo, estiro la pierna y flexiono los dedos. ¡Ah, qué sabroso se siente! Te sonrío, sé que estás atento a cada uno de mis movimientos. Repito la operación con el zapato, la media, la pierna y los dedos del pie derecho. Te vuelvo a sonreír, cómplice, y te envío un beso. Te acaricias la barba y enciendes un cigarrillo. Te echas hacia atrás y me devuelves la sonrisa. Es tan espléndida que no necesitas decirme nada más.

Poco a poco me subo la camiseta sin mangas de cotton licra. Es muy ajustada y tan descotada que deja buena parte de mis pechos al descubierto. Su color rojo encendido no hace más que resaltar el ardor que me bulle en la piel. Me levanto de la silla y empiezo a bajarme el mono gris, bien ajustado, de cadera baja. Me lo quito. Le das otra chupada al cigarrillo. Te vuelves a acariciar la barba. Cuando haces eso siento el roce de tus vellos por todo mi cuerpo y mi sexo se humedece. Ahora sólo llevo la combinación de panty y brassiere deportivo. No son nada sexy, pero como son blancos y están sudados se transparentan por completo.

Tus ojos penetrantes se clavan en la raja de mi sexo. Le das una chupada más al cigarrillo y lo apagas en el cenicero. Te levantas de la silla, te paras frente a la webcam y te quitas el boxer que llevas puesto. Tu miembro deliciosamente erecto aparece en la pantalla de mi computador. Me relamo los labios y no puedo evitar morderlos. Te deseo. El provocador gesto de tu boca me hace ver que también me deseas. Otro mensaje entra a la ventana de conversación: "¿Nos masturbamos juntos?". Mi respuesta se limita a despojarme del brassiere y la panty y quedarme totalmente desnuda.

Tomas tu miembro en la mano derecha y yo abro mis labios vaginales. Mueves tu mano rítmicamente, arriba abajo, arriba abajo; mientras me acaricio el clítoris. Introduzco dos dedos en mi sexo y los muevo, adentro afuera, adentro afuera; veo como aumentas la velocidad de tus movimientos, arriba, abajo, arriba abajo, arriba abajo, arriba abajo. Movidos por el mismo impulso, ambos abrimos la boca y nos acercamos al monitor, deseosos de chupar, lamer, morder al otro.

De pronto tengo tu miembro en mi boca y siento tu boca en mi sexo. Estoy acostada sobre tu escritorio y tú estás sobre mí. Te chupo, te lamo, te muerdo. Me chupas, me lames, me muerdes. Siento como tu aliento roza mi entrepierna. Juego con tus bolas. Tu barba raspa mi piel. Besas mi clítoris. Lo mordisqueas suavemente, mientras metes dos dedos en mi interior y los mueves, adentro afuera, adentro afuera. Me vengo en un orgasmo delicioso, que me estremece el cuerpo en un temblor interminable. Pronuncio tu nombre. Me bebes toda.

Te das la vuelta, te inclinas sobre mí y metes tu miembro en mi boca. Nuestros ojos se encuentran y se sonríen, reconociéndose cómplices. Chupo, chupo, chupo cada con más fuerza. Por la manera como presionas, sé que estás por venirte. Chupo, chupo, chupo, chupo, chupo más fuerte, más rápido. Sales y te vienes en mi cara. El placer recorre una vez más mi cuerpo al percibir tu olor y tu sabor. No quiero cerrar los ojos.

Cuando vuelvo a abrirlos, estoy sentada ante mi computadora. Veo tu imagen en la ventana de conversación. Tus labios y tu barba relucen por la humedad. Te escribo un mensaje, preguntándote "¿Por qué tienes la boca mojada?". Al leerlo, te sonríes y me respondes: "Por la misma razón que tú, cariño". Me toco la cara y se me escapa una sonora carcajada.

4 comentarios:

Etèria dijo...

Como siempre me encanto...

Besitos.

george dijo...

Lo bueno es que estos encuentros ocurren, también sin cámara, me parece que las mentes y las almas vuelen por el cyberespacio, los cuerpos casi se tocan si se viven estos momentos juntos, solo hay hay que pensar en la misma onda y ... quererse.

un beso para Anamar

nb: ¡ya soy casi adicto a tus relatos!

george dijo...

Perdón, te he robado la foto "clic".

Anamar dijo...

Gracias, Belita, a mí también me encanta lo que tú escribes y siempre te visito aunque no te deje comentarios. Mi querido George, estos encuentros ocurren con mucha frecuencia, con y sin cámara, permitiendo que nos volvamos tangibles. También te visito con frecuencia, aunque tampoco te deje comentarios. La foto ya me la había robado de otro sitio, así que no hay problemas.
Besos, que aunque virtuales, son muy reales.