miércoles, 23 de mayo de 2007

Amor en tres tiempos



A ti, que haces música exquisita en mí.
A mí, que vibro cuando me tocas.
A una orquídea en tu mano.
A una flauta en mi boca.
A nuestra entrega.

Porque nadie, jamás, nos quitará lo bailado.
Porque siempre, ambos, viviremos lo disfrutado.

Recordando "Quiero perderme en tu cuerpo"...

Dolcissimo

Me besas muy lenta, suave y dulcemente con esos labios exquisitos que tienes. Bañas mis cabellos con cascadas interminables de besos diminutos. Dibujas nuevas espirales en mis orejas. Adornas mis mejillas con los colores del atardecer. Pruebas el aguamiel de mi boca. Me regalas el néctar de tu saliva. Tu lengua golosa se aventura más y más adentro. Mi boca extasiada se deja explorar. Besas mis dientes, mis encías, las comisuras de mis labios. Me cierras los ojos y siento tu roce ligero en mis párpados.

Comienzas a bajar por mi cuello. Mis suspiros marcan tu lento descenso. Me quitas la blusa y acaricias la piel que va quedando al descubierto. Tus besos son el ábaco con que cuentas las pecas de mi pecho. Me siento desfallecer cuando lames mis axilas y entierras allí tu nariz para olerme con deleite. Mis brazos parecen ser más largos ahora que tus labios los recorren. Dedicas una eternidad a acariciar la parte interna de mis muñecas, allí donde el pulso me late y el deseo parece concentrarse. Depositas un beso en la punta de cada uno de mis dedos. Borras mis huellas lamiendo y chupando. Con tu lengua escribes un nuevo futuro en las palmas de mis manos.

Poco a poco bajas mi falda. Me tomas de la cintura y me recuestas en la cama. Tus labios cada vez más exigentes van marcando su territorio por todo mi abdomen, conquistándome, haciéndome tuya a besos, lengüetazos, chupadas, lamidas, mordiscos. Tu lengua se pierde en mi ombligo. A cada caricia sacas un gemido de mi garganta. Lames mis caderas con denuedo y yo me las dejo lamer totalmente entregada a ti. Desciendes hasta mi sexo y por encima de la pantaleta estampas un beso que me hace abrir las piernas.

Tu lengua mojada y enhiesta recorre mis muslos, mientras con tus dedos abres surcos de placer en mi carne. Aprietas mis rodillas con fuerza y con delicadeza las sueltas. Lames deliciosamente mis pantorrillas. El placer me hace suspirar, gemir, jadear. Me quitas las sandalias con sumo cuidado, sobas mis pies, chupas cada uno de mis dedos. Vuelves a hacer sus arcos, besándolos muy lentamente. Acaricias mis empeines como si fueran el objeto más delicado que conoces. Me muerdes los talones.

Allegro e vivace

Me das la vuelta y comienzas a subir por la parte trasera de mis pantorrillas con boca, lengua, dedos, manos. Inundas las concavidades de mis corvas con tu saliva. Sobas mis muslos. Me despojas de la prenda. Besas, chupas, lames, muerdes mis nalgas. Me aferras por las caderas y el deseo me hace estremecer. Siento tu lengua recorrer mi columna vertebral muy lentamente, de abajo hacia arriba. Mientras lo haces, me quitas el sostén. Acaricias mi espalda con tu barbilla. El roce de tus vellos me enloquece. Quiero voltearme, pero me pides que tenga paciencia, que te deje hacer, que me rinda a ti.

Con tus manos dibujas nuevamente cada milímetro de mi espalda, de arriba hacia abajo. Tengo la piel erizada. Mil lenguas de fuego la queman. Vuelves a acariciarme la columna, una y otra vez, con tu miembro duro y erecto, hasta que los dejas apoyado en mi nuca. Te inclinas lo suficiente como para decirme al oído, con voz ronca y amorosa, que quieres que la sienta allí: en la médula, en la sangre, en lo más profundo de mí. El olor del líquido seminal me trastorna. Estallo en un orgasmo avasallador que me inunda el sexo de jugos, la garganta de gritos y el cuerpo de un sinfín de vibraciones.

Ahora sí me permites voltearme. En el estrecho espacio que me dejan tus piernas a cada lado de mi cuerpo me giro. Tu miembro me queda justo en la boca, busco tus ojos, te tomo por las caderas y sin más lo engullo. Chupo el glande en una especie de beso suave y tierno, apenas un leve roce con mis labios. Tu respiración se agita. Con la lengua recorro ese exquisito espacio que separa la cabeza del resto del pene. Siento como te estremeces y me excito aún más. Lamo todo tu miembro de arriba abajo y de abajo arriba. Suspiras.

Sin apartar mi mirada de la tuya y apenas dejando salir tu miembro de mi boca, me voy incorporando hasta tenderte sobre la cama y quedar encima de ti. Continúo chupando, lamiendo, besando, mordiendo. Tú sigues suspirando, gimiendo, estremeciéndote, gozando. Acaricio tus testículos. Están pesados, llenos de semen. Imagino el momento en que te vacíes en mí y tiemblo de placer. Chupo con más fuerza. Lamo. Beso. Muerdo. Te acaricio el perineo con mis dedos.

Me subo a ti. Besos tus labios mientras bajo con cuidado hacia tu miembro enhiesto. Te cabalgo muy lentamente. Describiendo círculos pequeños. Sintiendo tu miembro en cada parte de mi interior ardiente y palpitante. Haciendo que mi clítoris roce con tu cuerpo. Meto mis dedos entre tus cabellos y acerco tu cabeza hacia mí. Con mi mano abierta sujeto tu nuca. Te murmuro al oído cuán voraz es mi deseo por ti, lo inmenso del amor que siento, la fogosidad de la pasión que me embarga. Me convierto en un trémolo que se sucede al compás de un orgasmo sin fin.
Tomas mis pechos entre tus manos. Los acaricias, los aprietas. Te incorporas y besas mis pezones. Me tomas por las caderas para ayudarme a subir y bajar. Ahora hago círculos cada vez más grandes. Subo y bajo con mayor velocidad. Aumenta la fuerza. Toco fondo. Colocas un brazo a lo largo de mi columna, aferrándote a mi cerviz. Apoyas tu cabeza en mi seno y esperas el siguiente estallido de mi cuerpo. Retumbo con fuerza mientras grito tu nombre.

Maestoso finale

Deshaciéndote del abrazo que nos unía te levantas de la cama y me extiendes tus brazos en muda invitación a acompañarte. Caminamos tomados de la mano hasta la ducha. Giras los grifos hasta encontrar la combinación de agua fría y caliente que más te agrada. Una tibia lluvia de diminutas gotas baña nuestros cuerpos entrelazados. Nos besamos con pasión. Me tocas por doquier, encendiendo mi piel en medio de la humedad circundante. Besas mis pechos. Me pellizcas los pezones. Sobas mis nalgas. Tu miembro sigue duro y erecto. Siento tu deseo por mí.

Me apoyas a la pared, abriéndome las piernas y arrodillándote ante mí. Tus manos buscan mi sexo todavía hambriento de ti. Me lo abres por completo y lo cubres con tu boca, convertida en ventosa que succiona con avidez y deseo. Metes dos dedos en mi interior. Cierro los ojos, completamente rendida a ti. El agua corre sin parar, pero su contacto no disminuye ni un centígrado el calor de nuestros cuerpos. Gimo de placer a cada embate de tus dedos. No atino a decirte que quiero más, pero tú me conoces muy bien. Hay momentos en los que no necesito hablarte. Sabes qué cuerda tocar para hacerme vibrar.

Introduces otro dedo más en mi sexo y uno en el ano. Me enloqueces. Chupas con fuerza hasta hacerme acabar en tu boca. Oigo tu expresión de placer mientras bebes mis mieles. Te relames con gusto. Libas goloso.
Ahora me tomas por las caderas y enfilas tu miembro hasta lo más profundo de mí, mientras clavas tus ojos en los míos y me besas afanosamente. Me penetras con tanta fuerza que me levantas del piso y debes sostenerme, apoyándome de nuevo contra la pared. Arremetes de una forma casi salvaje, llevándome a un orgasmo tras otro. Aunque estoy extenuada no soy capaz de pedirte pausa. Deseo prolongar el enorme gozo que estamos sintiendo.

Me das la vuelta, poniéndome de espaldas a ti y plegándome hacia delante con las manos apoyadas a la pared. Abres mis nalgas. Apoyas tu glande y entras en mí decidido. Ambos nos estremecemos y nuestros nombres se confunden en la boca del otro. Tus testículos chocan una y otra vez contra mis nalgas.
Enloquezco. Enloqueces.

Mi petición de “¡Fuerte! ¡Más fuerte!” es lo único que se escucha y se siente. Me enderezo un poco y busco tu cara por encima del hombro. Nos besamos hasta que los labios nos duelen. Justo entonces estallamos en una melodía exquisita que solamente tú y yo podemos oír.

2 comentarios:

george dijo...

A ti, que haces música exquisita en mí.
A mí, que vibro cuando me tocas.
A una orquídea en tu mano.
A una flauta en mi boca.
A nuestra entrega.

Porque nadie, jamás, nos quitará lo bailado.
Porque siempre, ambos, viviremos lo disfrutado
---------------------------------
Anamar,
me gusta muchisimo tu texto, el de arriba, tu tienes la música en el cuerpo, tu mismo eres el instrumento perfecto para tocar o ser tocado.
¿quien se atrevería escuchar vuestros conciertos, asistir a la representación?¿y quien no querrá también participar en esta melodía?
me encanta leerte y me entristece de no ser tu otra parte en este juego....
besos para Ti entera

Amly dijo...

"Besos tus labios mientras bajo con cuidado hacia tu miembro enhiesto. Te cabalgo muy lentamente. Describiendo círculos pequeños. Sintiendo tu miembro en cada parte de mi interior ardiente y palpitante."
Es como si estuvieras ayer presente...
Divino relato..